Danza

Aquella niña pequeña que tenía un sueño

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Hoy no quiero hablar sobre periodismo, ni social media, ni política, ni siquiera me importa si este pequeño post se posiciona adecuadamente en los buscadores o no.

Hoy me gustaría recordar a aquélla niña pequeña que miraba siempre los escaparates de las zapaterías, esperando que sus padres pudieran comprarle unos zapatos de gitana, rojos con lunares blancos. Esa niña soñaba con bailar en un escenario y ser aplaudida por todos. En el colegio de las monjas, la profesora de música, una monja disciplinada y culta que les hacía entrar en clase a ritmo de la 40ª Sinfonía de Mozart, organizó su primer encuentro con los aplausos: interpretaba a una planta que iba despertando a la vida a medida que avanzaba la banda sonora de la película “Picnic”, aunque ese dato lo averiguó muchos años después…

Para aquel estreno estelar, su mamá le compró un maillot verde y unas medias verdes, muy difíciles de encontrar, y su papá le fabricó una corola de pétalos de papel pinocho rosa que ya no recuerda cómo logró sujetar a su cabeza. Se sintió tan bien en aquél pequeño escenario. No sería la única vez que bailaría en el colegio, y la monja se dio cuenta de su potencial como pequeña artista. La niña adoraba a aquella mujer, pese a su sentido tan estricto del ritmo y la matemática musical. Hasta que, transcurridos unos años, cuando ya era pre adolescente, Sor Sagrario le arreó un bofetón por equivocarse en un paso de baile. Para entonces, la pequeña ya había iniciado su sueño por otros caminos. 

Hoy recupero a esa pequeña niña llena de sueños. Hoy solo quería escribir. 

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